Mostrando entradas con la etiqueta baja edad media. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta baja edad media. Mostrar todas las entradas

martes, 21 de abril de 2015

La momificación en la Edad Media II: la evisceración y la dilaceratio corporis.

La evisceración era un tratamiento funerario consistente en la extracción de las vísceras a partir de una incisión en el torso, que era rellenado con hierbas aromática, vino y especias, cuya función era aromatizar el cadáver y preservarlo. La primera mención detallada a un proceso de este tipo se fecha a principios del siglo XIV, con la enciclopedia escrita por Henri de Mondeville, era médico del rey francés Felipe el Hermoso (†1314), si bien se conoce su utilización al menos desde el siglo XI. 
Ilustración del tratado de Henri de Mondeville. 
Perdidas ya en época antigua las excelentes técnicas de embalsamamiento egipcias, la conservación del cadáver en época medieval, a pesar de estos intentos, variaba principalmente, en función de la temperatura del lugar. En origen, las entrañas extraidas serían enterradas sin mayor reverencia, pero con el paso del tiempo asistimos al desarrollo de una costumbre denominada dilaceratio corporis o dispersión de restos. 

Jean Fouquet, Grandes Chroniques de France, c. 1460. Se representa el sitio de Avignon, la muerte de Luis VIII, el León y la coronación de su hijo San Luis. Luis VIII falleció en la cruzada contra los albigenses, su cadáver fue sepultado en Saint-Denis, mientras sus entrañas y corazón se repartieron por varios monasterios. 
Esta dispersión de restos mortales permitía a grandes señores favorecer con sus despojos a más de una de sus fundaciones monásticas. Así, por ejemplo, Enrique I de Inglaterra (m. 1135) falleció en Europa, de manera que su cerebro, ojos, lengua y vísceras fueron sepultados en la iglesia de Notre-Dame-du-Pre, vinculada a sus donaciones en la abadía de Bec, mientras el resto de su cuerpo fue trasladado a la abadía de Reading, que el monarca había fundado en las islas. A partir de este rey, fue habitual entre los reyes de Inglaterra con notables posesiones en la actual Francia, dividir sus enterramientos a ambos lados del Canal de la Mancha. 
Uno de los ejemplos más conocidos es el de Ricardo I, corazón de León (m. 1199). Su cuerpo fue sepultado por su madre Leonor de Aquitania en el panteón familiar y regio de Fontevrault, en Aquitania; sus entrañas en Chalûs, ya que según el monarca sus habitantes lo habían traicionado; y su corazón a Rouen , en la foto. 
Caja que contenía el corazón de Ricardo Corazón de León (m. 1199)
Los caballeros cruzados tomaron como costumbre, cuando fallecían en Tierra Santa, enviar de vuelta a casa el corazón, ya que era más fácil de transportar debido a su tamaño. El corazón adquirió a lo largo de la Edad Media una función simbólica que le atribuía emociones como el coraje y la piedad, de manera que era el elemento predilecto para conservar. Producto de estos envíos se han conservado en las islas sepulturas de corazón como la de la iglesia de Saint-Giles en Bedon, fechada en el siglo XIII.
Sepulcro de Corazón en Saint-Giles, Bedon. Las manos que sostienen el corazón salen directamente del escudo del caballero. 
Si bien en Inglaterra y Francia la dilaceratio corporis contó con un considerable éxito hasta su prohibición por el papa Bonifacio VIII en 1299, e incluso después, ésta no fue una costumbre especialmente estimada en el reino de Castilla, donde destacan las disposiciones de Alfonso X (m. 1284). En el codicilio de su testamento, el rey Sabio solicitaba que enterraran su cuerpo en Murcia o en Sevilla, mientras su corazón debía ser enviado a Jerusalén. 
Sepulcro de Corazón y entrañas de Alfonso X en la catedral de Murcia, renovada en época renacentista. 
-Enlace directo a las imágenes haciendo clic sobre ellas.-


Para saber más:

BOS, Alphonse (ed.), La chirurgie de maitre Henri de Mondeville, Paris, 1897.
GEORGES, Patrice, “Les aromates de l’embaument médiéval: entre efficacité et symbolisme”, en Micrologus, XXX. Le monde végétal. Médecine, botanique, symbolique, 2009, pp. 257-268.
GEORGES, Patrice, “L’embaument en France: le verbe et les actes”, en XVème Congrès de l’Association Guillaume Budé. La poétique, théorie et pratique, París, 2007, pp. 1112-1123.
GONZÁLEZ JIMÉNEZ, Alfonso, Diplomatario Andaluz de Alfonso X el Sabio, Sevilla, 1991, pp. 557-564.
WEISS-KREJCI, Estella, “Heart burial in medieval and early post-medieval central Europe”, en REBAY-SALISBURY, Katharina, STIG SORENSEN, Marie Louise y HUGHES, Jessica,  Body Parts and Bodies Whole, Studies in Funerary Archaeology, 5, Oxford, 2010, pp. 119-134.
WEISS-KREJCI, Estella, “Excarnation, evisceration and exhumation in Medieval and Post-Medieval Europe”, en RAKITA, Gordon, BUIKSTRA, Jane, BECK, Lane y WILLIAMS, Sloane (eds.), Interacting with the dead. Perspectives on mortuary archaeology for the new millennium, Florida, 2005, pp. 155-172. 
WESTERHOF, Danielle, Death and the noble body in Medieval England, Woodbridge, 2008.

sábado, 18 de abril de 2015

La momificación en la Edad Media I: el uso teutón.

A partir del siglo X comienza a registrarse cierto interés en la conservación de los cadáveres o bien ciertas partes de los mismos cuando se fallecía lejos del lugar de origen. Para alcanzar estos fines tuvieron lugar dos tipos de prácticas: el embalsamamiento y el mos teutonicum
La muerte de Luis IX en Túnez, imaginada por Jean Fouquet
Entre los siglos X y XIII, las técnicas de embalsamamiento conocidas resultaban del todo inútiles, como demuestra el caso de Carlos el Calvo (m. 877), que falleció en los Alpes y que como monarca debía ser enterrado en la iglesia abacial de Saint-Denis. Se realizó un intento de embalsamamiento con vino y especias para poder trasladarlo a la capital, pero a los pocos días la corrupción del cadáver era tal, que el cortejo fúnebre se detuvo para enterrar al rey en Nantua, donde permaneció durante años hasta su definitivo traslado a Saint-Denis. 

Misa de funeral de Carlos el Calvo, representada en el ejemplar MS 0005 de las Grandes Crónicas de Francia (c. 1460).

Una solución para los personajes fallecidos lejos de su lugar de origen pero que deseaban ser enterrados en su patria fue  el uso teutón o mos teutonicum. Se trata de una técnica funeraria consistente en cocer y descarnar el cadáver de manera que los huesos eran los únicos restos transportados al sepulcro elegido. El término fue acuñado en el siglo XII por Boncompagno de Signa, que la denominó así en relación al uso efectuado por los caballeros germánicos en las Cruzadas. 
Imagen de las cruzadas procedente del manuscrito de Las Crónicas de Jerusalén (Cf. Osterreichische Nationalbibliothek, cod. 2533), c. 1450.
Se usó el mos teutonicum con los restos de Federico I Barbarroja (m. 1190), cuya carne fue sepultada en San Pedro de Antioquía, sus entrañas en Tarsos y sus huesos en la catedral de Tiro. También fue utilizado en el caso de San Luis de Francia (m. 1270), que falleció de peste en Túnez, en su regreso de la Cruzada. 

Próximamente: La momificación en la Edad Media II: la evisceración y la dilaceratio corporis. 

Para saber más:
WESTERHOF, Danielle, Death and the noble body in Medieval England, Woodbridge, 2008.
WEISS-KREJCI, Estella, “Excarnation, evisceration and exhumation in Medieval and Post-Medieval Europe”, en RAKITA, Gordon, BUIKSTRA, Jane, BECK, Lane y WILLIAMS, Sloane (eds.), Interacting with the dead. Perspectives on mortuary archaeology for the new millennium, Florida, 2005, pp. 155-172.
BANDE, Alexandre, Le coeur du Roi, París, 2009.
GEORGES, Patrice, “L’embaument en France: le verbe et les actes”, en XVème Congès de l’Association Guillaume Budé. La poétique, théorie et pratique, París, 2007, pp. 1112-1123.


miércoles, 15 de abril de 2015

El cementerio de los Inocentes de París (I).

El cementerio de los Santos Inocentes fue la principal necrópolis de la ciudad de París durante las edades Media y Moderna. A pesar de que cada templo contaba con pequeños cementerios vinculados al atrio de los mismos, los Inocentes adquirió mayor entidad de lo común a partir de principios del siglo XII, cuando Luis VI se ocupó de la construcción de una iglesia que sustituyó a una pequeña capilla altomedieval. 

Localización del Cimetière des Saints-Innocents respecto a Île de France. Dibujo del Dr. Jack Share

Este cementerio fue desocupado a finales del siglo XVIII, en un contexto europeo de preocupación por la sanidad y la higiene que resultó en la localización de las necrópolis extramuros de las ciudades a través de toda Europa.

Grabado de Fedor Hoffbauer, c. 1550.

Los Santos Inocentes tenía una estructura claustral, es decir, se rodeaba por cuatro pandas con arcadas, una de las cuales contenía la iglesia. A pesar de la sucesión de normativas conciliares que prohibían la utilización de los cementerios como lugares de festejos y ferias a lo través de la Edad Media, en esta necrópolis se concentró un considerable mercado. A raíz de esta actividad recibieron nombres estas pandas claustrales, que por cierto, continuaron utilizándose como osarios.

Grabado de Charles Louis Bernier, finales del siglo XVIII. 

En el centro del camposanto, donde se efectuaban las inhumaciones, se encontraban también diversos elementos arquitectónicos y escultóricos: cruces que servían para marcar las mejores tumbas y para estructurar el espacio, capillas familiares y linternas de muertos. Uno de los elementos más destacados del cementerio fue la representación pictórica de la Danza Macabra, considerada como la primera representación de esta iconografía. 

Representación de la Muerte procedente del cementerio de los Santos Inocentes de París. c. 1530.
Actualmente en el Museo del Louvre (Rf. 2625)
Para saber más:
ARIÊS, Philippe, El Hombre ante la muerte, Madrid, 1987.
COLVIN, Howard, Architecture and after-life, London, 1991.
HARDING, Vanessa, The dead and the living in Paris and London, 1500-1670, 2002. 
LAUWERS, Michael, Naissance du cimetière. Lieux sacrés et terre des Morts dans l'Occident Médiéval, París, 2005.

sábado, 11 de abril de 2015

El encuentro de los tres vivos y los tres muertos I: miniaturas.

El encuentro de los tres vivos y los tres muertos es una iconografía que se extendió por Europa a partir del siglo XIV, en un contexto de expansión de representaciones macabras como la danza de la muerte. El episodio que se representa forma parte del conjunto de memento mori que se expandieron por toda Europa entre el siglo XIV y el XIX. Se trata de un encuentro entre tres caballeros y tres cadáveres, habitualmente representados en tres estados de descomposición, que tiene lugar en un contexto de caza o paseo; los difuntos avisan a los vivos y les recuerdan que también ellos van a morir. 
Howard Psalter and Hours, British Library, f. 127.
Fecha: c. 1310-1320.
Si bien este tipo de representaciones se extendieron por templos y cementerios, como el del Camposanto de Pisa, una de las tipologías más efectistas se encuentra en las miniaturas y especialmente en los Libros de Horas. Objetos personales de uso devocional donde este tipo de iconografía pretendía recordar al lector que su muerte estaba cercana y que debía prepararse para ella a través de los preceptos cristianos. 

Smithfield Decretals, British Library, Royal MS 10E IV, ff. 258v-259r.
Fecha: c.1300 

Uno de los ejemplos más llamativos es el del Libro de Horas de Juana I de Castilla (m.1555), donde la representación del encuentro a página completa tiene lugar en un cementerio, sugerido por la cruz colocada a la izquierda de la imagen. En esta ocasión uno de los caballeros es sustituido por la representación de la propia Juana a caballo.

Libro de Horas de Juana I de Castilla, British Library, MS 35313.
Fecha: c. 1500.

Para saber más sobre este tema: 

BINSKI, Paul, Medieval Death: Ritual and Representation, London, 1996.
ESPAÑOL BERTRAN, Francesca, Lo macabro en el gótico hispano, Madrid, 1992.
FRANCO MATA, Ágela, "Encuentro de los tres vivos y los tres muertos y las danzas de la muerte bajomedievales en España", en Boletín del Museo Arqueológico Nacional, 20, 1-2, 2002, pp. 173-214.
GERTSMAN, Elina, The Dance of Death in the Middle Ages: Images, Text, Performance, Turnhout, 2010.
GONZÁLEZ ZIMLA, Herbert, "El encuentro de los tres vivos y los tres muertos", en Revista Digital de Iconografía Medieval, 3/6, 2011, pp. 51-82. 

http://britishlibrary.typepad.co.uk/digitisedmanuscripts/2014/01/the-three-living-and-the-three-dead.html
https://diogeneschilds.wordpress.com/2013/03/19/la-leyenda-del-encuentro-entre-los-tres-vivos-y-los-tres-muertos-en-las-pinturas-del-convento-de-san-pablo-de-penafiel/



© ARS MORIENDI 2012 | Blogger Template by Enny Law - Ngetik Dot Com - Nulis